CRÍTICA POLITICA AL ECUADOR CONTEMPORANEO. Por Luis Herrera Montero

28 enero 2015

El presente texto intenta un posicionamiento crítico respecto del actual régimen de revolución ciudadana en Ecuador. En el país se ha evaluado a este gobierno desde perspectivas diversas. Por un lado, el oficialismo ha privilegiado los alcances y logros de un régimen que ha detenido al neoliberalismo y, por tanto, promovido el pago de la deuda social a través de un mayor protagonismo del Estado en los procesos económicos. De otro lado, se ubican los neoconservadores, quienes han cuestionado el excesivo gasto estatal y la falta de inversión extrajera, pues su paradigma de desarrollo continúa siendo la generación de riqueza, que excluye por completo la intervención estatal en materia económica y que se sujeta exclusivamente a los determinantes del libre mercado. Por último, la izquierda antagónica, que ha sostenido severas críticas por el abandono del actual gobierno de los preceptos constitucionales: los derechos de la naturaleza y los derechos colectivos, ante la decisión de explotar el Yasuní, por mencionar ejemplos.

Sería una miopía negar logros de la revolución ciudadana: antes se derrocaba gobiernos por ineficiencia y corrupción. Al haberse constatado reelecciones, se deja en claro que la mayoría de ecuatorianos diferencian a gobiernos anteriores del actual, sobre todo en cuanto a la importancia del Estado en el control de la economía: los ingresos fiscales y la inversión pública han sido claramente superiores. Sin embargo, tampoco se trata de promover entendimientos que intentan posicionar un acuerdo comercial con Europa, cuando lo que se ha conseguido es ceder ante el chantaje neoliberal de eliminar preferencias arancelarias, porque al Norte o hegemonía clasista mundial no le interesa superar su estado evidente de crisis, sino continuar neciamente imponiendo el modelo que provoca tal estado. Entonces, camuflar el tema con contenidos de “acuerdo comercial” resulta una estrategia repetida de lo “políticamente correcto”; es decir, de lo que conviene defender para encubrir una situación de innegable debilidad ante una atmósfera de crisis neoliberal que vive la Comunidad Económica Europea.

Con base en lo mencionado, en la actualidad, hay indicios de que el liderazgo del régimen de revolución ciudadana está cayendo también en procesos ajenos a los de emancipación y de organización social. Luego de algunos acontecimientos a partir del triunfo electoral de Correa-Glas, se ejerce sin duda un liderazgo ajeno, diferente al que se constituyera, en el período previo, con el binomio Correa-Moreno. La conformación de un binomio a la presidencia y vicepresidencia con dos candidatos guayaquileños, da cuenta de un regionalismo no muy común al determinar candidaturas en el Ecuador de los últimos tiempos. Se argumentó que esa decisión se sostuvo bajo procedimientos democráticos. Se reemplazó el mecanismo de elecciones primarias, con otros que no cuentan con el mismo o similar alcance ciudadano. La elección del binomio guayaquileño no se hubiera posicionado en Movimiento País si se hubiera realizado una selección más democrática a través de primarias u otras modalidades más legítimas de participación para tales decisiones.

La explotación del 1 por mil del petróleo del Yasuní fue otra decisión no sostenida en los principios de la democracia-participativa. Se responsabilizó de la promoción oficial del proyecto a Ivonne Baki, que fuera integrante también del derrocado gobierno de Lucio Gutiérrez. La gestión fue dudosa, por tanto, el apoyo internacional escaso. Se terminó decidiendo por la explotación, en vez de jugarse por una de las iniciativas más bellas e innovadoras que a nivel mundial un gobierno se atreviera a liderar en materia ecológica. Sobre el tema, se negó la realización de una consulta popular; se argumentó que las firmas recolectadas por los yasunidos no reunían las condiciones legales para viabilizarla, pero tampoco se concretó la iniciativa promovida por sectores gobiernistas de municipios de la Amazonia, lo que dejaba en evidencia que la consulta popular no le convenía al régimen. Ante los datos angustiantes sobre el alto nivel de deterioro ecológico, la decisión de explotar el Yasuní no guarda rigor con las exigencias y urgencias ecológicas del planeta; inclusive, con el supuesto de que no se afectará a pueblos no contactados, de que la biodiversidad no será substancialmente deteriorada por el 1 por mil, y de que se tenga la seguridad tácita de que se responderá adecuadamente ante derrames en un territorio propenso a terremotos o eventos telúricos.

En adición a lo mencionado, la reciente iniciativa de desalojar a la CONAIE del edificio que consiguieran por un comodato, es una medida que se contrapone a la organización social opositora, aunque se camufle esto con el argumento de que la CONAIE no ha cumplido con determinantes del comodato, entre los que se prohíben reuniones de índole política. Sin embargo, no se trata tampoco de caer en los análisis de las derechas latinoamericanas, de acusar los procesos de los gobiernos progresistas como fachos, eso sería partir de evidentes equívocos, muy peligrosos y sobre los cuales el capitalismo norteamericano tiene mucha experticia.
Lo que se ha planteado, hasta el momento, se dirige principalmente a advertir sobre el serio peligro de que el proceso revolucionario termine en una nueva recomposición oligárquica. Se podría considerar que el actual proceso está tomando la dirección que antaño tuvo la revolución liberal con el último ascenso al poder de Leonidas Plaza. En esa época, el liberalismo moderado se alineó hacia un pacto con sectores conservadores serranos, quienes aún contaban la presencia política y ejercicio social de hegemonía. Se postergaron los intentos por gestar y consolidar la revolución industrial y el Estado nación en el país. No intento defender a los liberales radicales y sus medios muy violentos de lucha, que se encontraban en pleno desgaste en esa época, tampoco la terrible y fanática represalia contra Alfaro y sus más cercanos seguidores. Lo que se desea es compartir opiniones sobre la similitud política de ese momento histórico con el actual.

Hoy la revolución ciudadana no está en lo más mínimo con el espíritu de cambio de época. Los datos de crecimiento económico, de reducción de la pobreza y desempleo y la presencia mayor del Estado en el control económico, responden a medidas neokeynesianas y desarrollistas, de tinte estrictamente capitalistas, claramente opuestas al neoliberalismo, pero de ninguna manera una postura no oligárquica. El keynesianismo y el neokeynesianismo son respuestas ante situaciones de innegable crisis económica, pero que en modo alguno constituyen paradigmas antioligárquicos y, peor aún, revolucionarios. En el 2008, con la gesta constitucional, se promulgó una propuesta de sumak kawsay, interculturalidad y Estado plurinacional, que está siendo reemplazada por el posicionamiento de un Estado Nación centralista, sustentado más en el espíritu del desarrollismo cepalino, que posiciona un capitalismo más racional, pero incapaz de superar la crisis económica que el mundo impone. Durante la elección del binomio Correa-Glas, se tiende incluso a perder fuerza respecto de un mayor racionalismo económico y posicionamiento del Estado Nación conforme las perspectivas tradicionales, que son insuficientes para concebirlas como transición. La lógica capital trabajo se mantiene en el mundo y en el país: la crisis civilizatoria es respecto del capitalismo y su historia.

No se puede ignorar el alto grado de afectación ecológica del planeta, que implica también crisis en lo económico al exigir ingentes inversiones para atender permanentes desastres socio-naturales. Obviamente, está situación de crisis tiene como una de sus causas a los modelos extractivistas. Claro que el extractivismo no se supera por simple decisión que un gobierno tenga, sino con estrategias que afecten las estructuras oligárquicas mundiales y nacionales, aspectos que no lograremos con emergentes endeudamientos con China o con ingentes inversiones en ciencia positivista para el desarrollo, sino con estrategias hacia cambios estructurales en el planeta y sus relaciones de poder. Ante esta problemática, no se debe descuidar la capacidad real de cambio por parte de la izquierda radical. En términos de práctica política la izquierda radical es carente de estrategias para modificar las correlaciones de fuerza a nivel mundial. En el mundo se sigue con recomposiciones oligárquicas. Las protestas mundiales intentan constituir un nuevo orden social, pero las correlaciones de fuerza obligan tan sólo a atender procesos de mayor racionalidad institucional dentro del mismo capitalismo, que es un sistema eminentemente oligárquico.

Por todo lo mencionado, observo similitudes con el gobierno último de Leonidas Plaza. Nadie puede negar los avances que la revolución liberal produjo, pero que fueron cortos en materia de cambio civilizatorio, pues con Plaza se recompusieron las oligarquías terratenientes y bancarias-comerciales, acordes con los imperativos de capitalismo internacional. Cosa similar está sucediendo con la revolución ciudadana, donde las oligarquías burguesas dependientes se están recomponiendo e imponen acuerdos comerciales o tratados de libre comercio con la UE, como también lógicas que se alejan de la democracia participativa, retomando protagonismo la insuficiente representación electoral, bajo sesgos de las falsas democracias burguesas. Las gestas y luchas populares evidentemente no fueron ni son patrimonio de ningún líder y los triunfos electorales no facultan tal condición. Prefiero sin duda al keynesianismo y neokeynesianismo, pero no pueden ser nuestros paradigmas de transición, peor aún, de transformación. La transición, si de alguna manera sirve el concepto, debe sostenerse en procesos de democracia participativa, economía social solidaria y diálogo de saberes; aspectos en creciente devaluación en el gobierno, pero que son los que permitirían a futuro concretar un sistema plurinacional, intercultural y de buen vivir, como se lo plantea en la Constitución de 2008. Urge la recomposición de toda la izquierda ecuatoriana, bajo nuevos propósitos y estructuras organizativas, si se desea sostener el espíritu de la Constitución de 2008 y el cambio de época allí planteado.

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  1. Valdría la pena que algún ilustrado analista escriba un artículo en el que analice el concepto corrupción y lo defina con precisión. Algunos ecuatorianos hemos debido vivirla, y continuamos experimentando sus efectos, como producto de acciones directamente realizadas por funcionarios del más alto nivel de este Gobierno. Al lado de lo que hacen, la corrupción de la partidocracia parece cosa de niños. Con impudicia y perversidad no solo ignoran la ley, sino que descaradamente se roban los documentos de los expedientes judiciales, a fin de proteger a patronos violadores de la Ley, paradójicamente pertenecientes al sistema de educación superior. Ninguna gestión nos ha resultado útil a la hora de intentar hacer que lo que nos sucede sea de conocimiento del número uno de la nomenclatura. Hay toda una barrera de funcionarios perversos que impiden hacer de su conocimiento aquello que seguramente él condenaría con rudeza, si supiera que los corruptos lo hacen a nombre de su Gobierno. El “tontómetro” increíble que nos han aplicado consiste en decirnos que el problema nuestro no se puede resolver en la Presidencia de la República “SIC”, y que se debe ir al Ministerio de Justicia, donde nuestra denuncia duerme en la irresponsabilidad de algún burócrata corrupto. Por ello que a nosotros nos hablen de Revolución, de políticas socialistas o de izquierda, de justicia ágil, nos suena a un mensaje vacío, repleto de mentiras, de corrupción, de la farsa más grande que nos acompaña ya casi siete años, pues la lucha se inició en el 2009. Para nosotros es ya un periodo muy largo de hambre, enfermedad e injusticia; al puro estilo neoliberal en materia de relaciones laborales. COMITÉ DE EMPRESA DE LOS TRABAJADORES DE LA UNIVERSIDAD METROPOLITANA DOMICILIO PRINCIPAL GUAYAQUIL

  2. Con la democracia participativa el 100% tendría voz y voto permanente, se difundirían las soluciones en todos los necesitados ámbitos, la creatividad, la innovación tendría su boom, las y los ciudadanos administrarían sus recursos, la educación sería holística, los medios de comunicación social y la ciencia estarían al servicio de la sociedad, funcionaría la cooperación, el negocio del bien inmaterial, los resultados y la superación serían del equipo, en fin, habría mucha más honestidad, justicia, libertad, salud, etc., y mayores garantías para alcanzar un horizonte social decente, digno, acorde con la capacidad real y la enormidad del ser humano.

    El comunismo, el socialismo, el capitalismo y sus variantes, todo ha sido experimentado, siempre con la fórmula: menos del 1% administra lo que más del 99% produce, lo que cuenta con los actuales resultados nacionales y globales, miseria al 70% y opulencia al 1%, invasiones, opresión, pérdida de derechos, del nivel de vida, crisis, contaminación, insalubridad, cambio climático, desastres, etc. En vista que las sociedades aún no hemos experimentado los efectos de la democracia directa o participativa, desligarnos de esa ignorancia, de esa mentalidad en la inercia pasa a ser todo un salto, un desafío evolutivo alcanzarla. Tarea de equipo.

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