EXPECTATIVA VS REALIDAD. por Sebastián Endara*

12 de mayo 2015

 

correa pr01b101010-photo01aaa_456_336

 

EXPECTATIVA: La caravana presidencial se desplaza en el momento en que un joven, tuerce los pulgares en señal de descalificación y acto seguido hace un gesto obsceno. ¡Qué muchachito malcriado! No respeta a la máxima autoridad del Estado, no tiene la más mínima idea de lo que significa la majestad presidencial. Y el presidente ordena el alto, se baja del automóvil pero con un gesto de calma, se acerca al joven y le pregunta la razón de haber recibido semejante descalificación y maltrato simbólico. Le explica que ante todo las personas merecen respeto, no por el poder que tienen, no por los títulos académicos que han logrado, ni por sus posesiones. Que las personas merecen respeto, -le dice-, si se quiere respeto a cambio. Y le invita a conversar, a que le acompañe a constatar el avance de los proyectos emblemáticos que la patria necesita, le invita a recorrer con él las carreteras, y todas las obras sociales que realiza la revolución. Y le explica que a los revolucionarios les pueden robar todo, menos la esperanza. Con una sonrisa amable se despide, también lo hace de los transeúntes atónitos. El muchacho recibe una lección de ética, de política y de decencia. La madre queda agradecida. Y la lección trasciende a sus asesores, ministros, y llega a todos los funcionarios públicos. Todos, incluyendo asambleístas y jueces quieren emularlo, les quedó claro que ante todo deben servir. Jamás abusarán del poder, jamás maltratarán a una persona, jamás un grito, un insulto, una burla, un acto de prepotencia. Es la buena política, revestida de una tolerancia estoica, de un espíritu constructor de una sociedad del futuro, la que marca todas sus acciones hasta en los mínimos detalles.

REALIDAD: Un joven decide mostrar -de manera vehemente- su rechazo simbólico al gobierno, justo cuando pasaba frente a él la caravana presidencial. Está solo con su madre. No calcula la ira que despierta. ¿Qué motivó a que ese joven actúe de tal manera ¿Acaso es la respuesta predecible a un gobierno que impone una forma autoritaria y prepotente para la gestión de lo público? Y el poder le muestra… el argumento del poder. Se le detiene y sanciona. La sociedad se conmueve, aunque de una manera impredecible. Y el gobierno también se conmueve: No entiende cómo, a pesar del millonario gasto publicitario, todavía hay personas que no están de acuerdo con el mejor gobierno de la historia.

 

*Candidato a Doctor en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Nacional de Misiones – Argentina.

Foto: El Telégrafo

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *