IZQUIERDA AL PODER SIN PROYECTO* por Jorge León T.

03 marzo 2015

Por la primera vez en la historia hay políticos que se reclaman de la izquierda que legan al poder político, no cuando debían gestionar la crisis, sino en período de bonanza. La izquierda antes logró aceptación cuando la crisis llegaba y los contendores se deslegitimaban. Le tocaba gestionar la crisis y a la vez responder a las expectativas de distribuir la riqueza y mejorar las concisiones de vida.

Generalmente distribuyó la riqueza pero no supo manejar la economía o se empantanó en disquisiciones irrealistas de cambiar el sistema económico a golpe de nacionalizaciones o estatizaciones, sin asumir la idea de proyecto o de mediano y largo plazo. Distribuir lo que hay, con cajas fiscales disminuidas, conllevaba inflación de inmediato y pánico en los que mal o bien producían y comerciaban, no digamos en exportadores, banqueros y afortunados diversos. La inflación rápidamente suscitaba descontento que era visto como fruto del gran complot de los oponentes, lo que junto a la oposición de los lesionados económicos suscitaba esos contextos para rápidamente quitarle el poder.

Ahora, esta fatalidad no existió, sobre todo porque llegó al poder en época de bonanza y dispuso de una autonomía política (para hacer y deshacer) excepcional, por esto y porque el contexto internacional ya es permisivo, la multipolatidad ayuda. Antes las limitaciones económicas, sociales y políticas, internas y externas, eran muy fuertes.

Hay toda clase de izquierdas como hay de derechas. Las diferencias evolucionan con los cambios de nuestras condiciones. Pero en esa simplificación de posiciones entre derecha e izquierda se contraponen ópticas para enfrentar nuestros problemas y visiones de futuro a construir.

¿Qué han hechos las izquierdas andinas en el poder? El proyecto predominante ha sido el de distribuir la riqueza, compensar así la desigualdad social y la pobreza.

El gran cambio es indicar que no tiene proyecto. El eurocomunismo en los 60-70 ya indicó que el clásico proyecto soviético no era viable y era inadmisible por autoritario. Los del Socialismo del S. XXI han hecho su piedra fundadora al hecho de no tener proyecto y que se lo hace al andar. Es un grupo político que se ha definido más en rechazo a algo. ¿Cómo hacer acción política sin proyecto? Es posible, predomina lo que las fuerzas del momento imponen o lo que en realidad los políticos en el poder tienen en sus adentros.

Ecuador, por ejemplo, tiene por meta su modernización, esa puesta al día de los cambios técnicos en los servicios (salud, transporte, comunicación..). Se lo puede hacer de mil maneras, en Ecuador predomina una visión a la EEUU, por la cual los medios a gastar no cuentan, se importa lo que hay sin innovación propia. Esa modernización de clase media que con ello se siente del primer mundo. Modernización que ha hecho menos en la producción. No tenía proyecto, le ha tomado 6 o 7 años, para luego de querer importar uno u otro modelo, defina algo cercano a lo de Corea del Sur. Antes, esto era la primera preocupación de toda izquierda, crear un sistema productivo y económico diferente, pues con ello se topa algo medular que era cambiar la estructura social que se pensaba era la base de explotación y dominación. El tiempo se ha encargado de mostrar que la situación era más compleja pero no deja de ser decisivo construir una producción alternativa que ahora no existe como proyecto.

La actividad predominante del gobierno ecuatoriano ha sido la regulación, formalizar todas las acciones de la sociedad, pensando que la sociedad cambia por las leyes. Su eje central de acción, además de un poderoso sistemas de propaganda para alimentar el nexo con la población y desacreditar a los que piensan diferente, es su gestión tecnocrática que le lleva a devaluar la participación y el valor de la sociedad civil.

El proyecto no proyecto, podría en parte asemejarse a la social democracia, pero esta implicó acuerdo con la “burguesía” local y con los sindicatos. Esta es más bien una izquierda no izquierda, carente de proyecto y visión de sociedad y poder político, predomina una lógica de controlar el poder con idea que su modernización no es viable sin ella. De ahí que en Ecuador, se hace en oposición y rechazo a la sociedad organizada, predomina un proyecto caudillista con lo cual, como siempre, sus proyectos o aceptación durarán el tiempo que el caudillo dure.

Pero con todo ello, sus políticas de distribución de la riqueza, también sin innovación, son las del nuevo rico, que quiere todo comprar y tener, que se centra en el consumo del momento sin mirar los costos, pero se pone al día para cotejar el primer mundo. Las políticas públicas de “bienestar social” siguen por lo general las pautas del Banco Mundial. Y, es parte del gran éxito del gobierno de Correa, que ha ido cambiando según las ventajas electorales o de popularidad que ofrecían, el tener costosas políticas públicas como desayuno, uniformes o textos escolares, carreteras nuevas sin aumentación del peaje, extensión de servicios de salud, becas para estudiar afuera, créditos baratos para vivienda o el conocido proyecto para ayudar a las personas con discapacidades, incrementos salariales, en particular para los nuevos llegados a la función pública, su base de apoyo, etc. Es pues una costosa distribución del que tiene dinero, del nuevo rico, que ahora lo vemos bien, no sólo que tiene límites sino que no es viable, ni es sustentable.

Si antes en bonanza no cambió el sistema económico, mal podrá hacerlo ahora que la bonanza se volatiliza. Sería la oportunidad en cambio de aterrizar y pensar en una sociedad para disciplinarse en el gasto. En todo caso, es la oportunidad para las izquierdas de fuera del poder para pensar en proyectos alternativos que no sean los del “papá noel”, algo sustentable lo cual rebasa el rechazo al extractivismo.

*Una versión resumida de este artículo fue publicado lunes 02 de marzo en El Comercio

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