Cada época y cada pueblo tienen sus mitos [1]. Lo irónico, es que la civilización -especialmente la modernidad- cree que los ha superado, de que ya es algo del pasado mitológico de la humanidad.

Profesa que hasta antes de esta sociedad, todos [2] vivían en creencias mágicas o metafísicas y que ellos las terminaron para dar paso a la civilización moderna, que es una sociedad lógica, objetiva y científica. Empero, lo que han hecho es tan solo crear nuevos mitos, imaginarios e imponerlos como los únicos y los racionales, conduciendo a la mitificación de la razón. Incluso, algunos de ellos son más ilusorios o alucinantes que la de los pueblos prepatriarcales o aldeanos, a quienes despectivamente los califican de bárbaros y salvajes.

Siendo éste otro mito, el creerse superiores o mejores a las sociedades anteriores a la civilización, o a aquellos pueblos que a esta época todavía no han entrado o no han sido dogmatizados, es decir, de aquellos que no han sido domesticados o convertidos en contra natura. La civilización es la etapa de ruptura con todo  lo natural o endémico de este planeta, que ha desencadenado la actual situación climática o eco sistémica al afectar el equilibrio de la vida.

Por ello, la referencia social que hace la civilización de lo natural y de los pueblos primitivos como salvajes; y de todo lo opuesto a lo natural, nativo, ancestral, tribal, como algo civilizado.

La civilización nunca entendió ni entenderá -como dice el gran psiquiatra Claudio Naranjo-[3] que “este mundo está hecho para una ética guerrera, somos descendientes de tribus guerreras que se disputaban el territorio de forma muy violenta, un problema que no está en los pueblos pre-civilizados. Los ingleses se encontraron con los indígenas americanos con un mundo de gran colaboración, no con un mundo competitivo. Querían ellos comprar tierras y se encontraron que no habían dueños de la tierra, porque la gente sentía que la tierra es la madre, no es una propiedad material. Entonces, querían los ingleses colonizadores saber quién es el jefe. Aquí no tenemos jefes, todo lo discutimos en grupos, somos tribus. Es como el grupo familiar, en el que hay cariño, y todo se ve juntos. Hemos prohibido lo primitivo en nosotros”.

En todo el proceso de existencia de la humanidad sobre este planeta, esta sociedad es la única que se ha alejado y separado de la “realidad” de la naturaleza y de la naturaleza de la “realidad”, llegando a extremos oscurantistas azarosos, no vistos antes en ninguna parte del mundo en toda su historia. En cambio, “El ser humano primordial percibe el mundo natural que lo rodea como impregnado de sentido, sentido cuyo significado es al mismo tiempo humano y cósmico. El mundo está animado por las mismas realidades de resonancia psicológica que los seres humanos experimentan en sí mismos. Hay continuidad entre el mundo interior del hombre y el mundo exterior”, señala Richard Tarnas, en Cosmos y Psique, 2009.[4] 

Los mitos de la civilización han matado más seres humanos que cualquier otra concepción o los ocasionados por catástrofes naturales. Pensamiento metafísico racionalista que ha obsesionado y fanatizado a millones de machos alfa (y últimamente machorras), listos a matar y a morir, ya sea, a nombre de dios, de la patria, del pueblo, de los monarcas, de una sociedad utópica, de un partido político, etc. Mientras la derecha supremacista grita “Sangre y Tierra”, la izquierda ortodoxa clama: “Patria o Muerte”. Padecen del síndrome de Hubris, del que se cree dueño de la verdad y el superior a todos, y los demás solo deben estar bajo su mando y a su servicio.

Todos ellos amparados por la libertad de expresión, de la que dicen poseer o haber conseguido, pero lo que hacen es incitar explícitamente al odio y al uso de la violencia, como medio de vida. La mentalidad guerrerista o de competencia, es la que se ha posesionado en el alma de esta humanidad, que solo ve ganadores y perdedores.

En esta sociedad de claustro [5] los hombres libres o también autodenominados “esclavos del Señor” son sacrificados todos los días, mientras en la sociedad primitiva se sacrificaba a ciertos individuos cada cierto tiempo. En la primera, los sacrificios son lentos y por rituales de trabajo (karoshi) [6]; y en el otro, son rápidos y por rituales simbólicos. Esto puede llevar a discusiones sin límites, sin embargo, lo único cierto e inobjetable es que solo los y civilizados sacrifican despiadadamente a la vida-no-humana, mientras los “salvajes” la protegen y hasta le rinden homenaje a su existencia.

Ambas sociedades hacen sacrificios, pero la diferencia entre ellas, es que la una reconoce que hace sacrificios y la otra lo llama eufemísticamente: desarrollo, progreso, crecimiento. Todo por el hecho de que hoy la mayoría libremente se auto sacrifica o se auto explota, al haberse dejado convencer de que estos “son los costos del avance de la humanidad”. A todo esto “se le llama “libertad”, pero “libertad” implica subordinación a las decisiones de un poder concentrado, no responsable, privado. Eso es lo que significa”; como señala Noam Chomsky. [7]

Los muertos, humanos y no-humanos, que ha provocado por diferentes formas y medios la sociedad “moneteísta” o de idolatría del capital, es infinitamente superior a las causadas por las sociedades nocivilizadas. Las mismas que llegaron a hacer obras faraónicas que la ciencia actual no puede explicar cómo las hicieron, y algunos han dicho que son obras de extraterrestres o del diablo -como dijeron algunos curas españoles-. Por tanto, no estamos cuestionando a la ciencia per se, pues es posible una ciencia simbiótica con la vida-no-humana.

Lo superior y mejor de la sociedad libre está en los métodos y en la cantidad de muertes que ella provoca y ejecuta, a través del trabajo. La civilización moderna es la etapa en que se han perfeccionado las formas e instrumentos de sacrificios que hace la sociedad de sus miembros, y ante todo, la incorporación de la vida-no-humana en estos sacrificios laborales.

Zygmunt Bauman, el gran filósofo polaco decía: “El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 2,3 millones de trabajadores mueren cada año como resultado de accidentes laborales o enfermedades relacionadas con el trabajo, especialmente, ataques cardiacos, derrames cerebrales y enfermedades mentales.[8]

Estos datos son de los que mueren, pero gran parte de la población trabajadora queda con enfermedades crónicas. En 2015, un análisis de casi 300 estudios encontró que las malas prácticas en el lugar de trabajo influían mucho en la mortalidad y probablemente conducían a una enfermedad diagnosticada, como el “humo de segunda mano”, un carcinógeno conocido y regulado. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha informado que más de la mitad de los 550 millones de días laborales perdidos anualmente por ausentismo “están relacionados con el estrés”.

Las prácticas laborales perjudiciales incluyen largas jornadas de trabajo, conflictos entre el trabajo y la familia, inseguridad económica derivada de la pérdida de empleos, no tener horarios regulares, ausencia de control laboral y, en Estados Unidos el no tener seguro médico. El lugar de trabajo está enfermando a las personas e incluso matándolas, con los crecientes costos de atención médica en todo el mundo, el lugar de trabajo se ha convertido en un importante problema de salud pública.

El Foro Económico Mundial estima que aproximadamente las tres cuartas partes de los gastos de atención de la salud a nivel mundial corresponden a enfermedades crónicas y enfermedades no contagiosas que representan el 63% de todas las muertes. Eso convierte al lugar de trabajo en la quinta causa de muerte, peor que la enfermedad renal o el Alzheimer. [9]

A su vez, la Organización Mundial de la Salud señala que la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular ocasionaron 15 millones de defunciones en 2015 y están entre las dos primeras causas de muerte en el mundo por enfermedades. Según muchos médicos la causa está en el estrés y el estilo de vida que produce el mundo moderno (o de claustro -como lo llamamos nosotros-). Se le conoce con el nombre de síndrome del quemado [10] o de burnout (del inglés “burn-out”: consumirse o agotarse). Nombre que le queda muy bien, pues estas personas quedan realmente calcinadas, como cuando una persona se electrocuta al coger cables de alta tensión eléctrica.

En los Estados Unidos la tercera parte de la población vive en un estado de “quemado extremo”, mientras que cerca de la mitad (48 por ciento) considera que su estrés ha aumentado en los últimos cinco años. Es decir, apenas el 25% de la población tiene un estrés controlado, pero todos están estresados. Y según los resultados de una encuesta dada a conocer por la Asociación Americana de Psicología, el estrés está afectando enormemente a las personas, contribuyendo al surgimiento de problemas de salud, relaciones deficientes y pérdida de productividad laboral. [11]  Y mucho peor es la situación en México, que ocupa el primer lugar con el 75% de la población. Luego China que tienen el 73% y que está en el segundo lugar.

Sin embargo, los hombres míticos de la modernidad se vanaglorian de ser la mejor humanidad, incluso a la de sus propios abuelos [12]. Narcisistamente se auto consideran lo máximo y lo más grande, creyéndose superiores a todos y en todo. Aunque, sus descendientes serán mucho mejores, siguiendo la evolución y el desarrollo infinito, según su mito de desenvolvimiento lineal, progresivo y “superiorista” [13]. Presuponen que todo futuro es mejor, que el mundo por venir siempre conduce inexorablemente a algo más grandioso. Este es el mito darwinista.

Pero resulta que la humanidad actual es menos inteligente que las humanidades anteriores y especialmente las humanidades de las cavernas. Según, un equipo de científicos del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch en Noruega la inteligencia humana está en declive, tras analizar las puntuaciones de cociente intelectual de aproximadamente 730.000 hombres nacidos entre 1962 y 1991. Con esos datos, los investigadores hallaron que los resultados descendían lentamente, casi tres puntos porcentuales. Estas cifras coinciden con estudios realizados en otros países, como Estados Unidos o el Reino Unido, que muestran descensos similares de entre 2 y 4 puntos cada década. El estudio sostiene, además, un dato aún más preocupante, si cabe: la causa de la disminución del cociente intelectual se debe a factores ambientales y no a genéticos. [14]

Otros estudios [15] también lo confirman, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Pekín, en China; y la Universidad de Yale, en Estados Unidos, la exposición crónica a niveles elevados de contaminación en el aire puede estar vinculada al desempeño cognitivo.

Las conclusiones de estas investigaciones indican que el efecto dañino del aire tóxico en la sociedad es mucho más profundo de lo que se sospechaba. Los científicos creen que los resultados tienen relevancia global, ya que más del 90% de la población urbana del mundo vive en ambientes donde la contaminación del aire supera los límites considerados seguros por la Organización Mundial de la Salud.

“Tenemos evidencia de que el efecto de la contaminación del aire en las pruebas verbales se vuelve más pronunciado a medida que la gente envejece, especialmente en los hombres y las personas con menos educación”, dice el estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Se estima que muchos contaminantes afectan directamente la química del cerebro de varias formas. Por ejemplo, la materia particulada puede trasportar toxinas a través de pequeños pasajes y entrar directamente al cerebro. La contaminación, sugiere el estudio, aumenta el riesgo de padecer enfermedades degenerativas como el Alzheimer y otras formas de demencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ratifica en un informe del 29 de octubre del 2018, de que una generación corre el riesgo de tener un coeficiente intelectual menor como consecuencia de la contaminación del aire y su impacto en el desarrollo cognitivo y neurológico de los niños, que empieza prácticamente desde el momento de su concepción. Esos efectos nocivos afectan de forma dramática el desarrollo del niño, la formación de sus órganos desde su nacimiento hasta la adolescencia y aumentan fuertemente su riesgo de sufrir de enfermedades respiratorias agudas y de desarrollar enfermedades crónicas, como la diabetes, obesidad, cardiovasculares y cáncer en su vida adulta.

Las grandes revelaciones del informe de la OMS son que el 93% de los niños menores de quince años respiran a diario un aire que está tan contaminado que pone en riesgo su salud y desarrollo, y que uno de cada diez menores de cinco años muere por esta causa. Según las estimaciones más actualizadas, un total de 600.000 niños murieron en 2016 por infecciones respiratorias agudas provocadas por la contaminación. [16]

De otra parte, estudios de la Universidad de Wisconsin-Madison señalan que las áreas verdes son una solución simple y natural para reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. A lo largo de 18 años de investigación con 10.000 participantes, se encontró que existía un mejoramiento en la sensación de bienestar y disminución de estrés cuando había una constante exposición a las plantas. En una parte del informe, dice: “Nuestro trabajo indica que “enverdecer” podría ser considerado como una inversión barata y con altos beneficios, lo cual puede generar una influencia positiva en la salud mental de la población. […] Lo más interesante es que los síntomas negativos que disminuyeron ante la exposición a áreas verdes son aquellos determinantes que afectaban la salud mental, como la cuestión del seguro de salud o del sueldo.”[17]

Pero para el hombre libre y civilizado, es decir, de la selva de cemento, su propósito de vida es alejarse lo más posible de la naturaleza, de lo artesanal, de lo primitivo, de lo salvaje, de lo ancestral. Lo que significa dejar el pasado, porque el pasado representa lo peor, un pasado que está lleno de mitos, irracionalidades, supersticiones y anacronismos; y con ello, alcanzar la libertad total, donde todo es verdad y científico. Este mito del superiorismo futurista no existe entre los pueblos “salvajes”, para quienes la vida funciona espiralmente y miran en forma relativa a las distintas sociedades y tiempos.  Una visión similar, a la que hoy tiene la mecánica cuántica.

Creer que el pasado está inundado de mitos y de que la civilización no lo está o que tiene muy pocos, es inventar otro mito. Pero los «esclavos del Señor» creen que lo han logrado, por lo que se convierte en el Gran Mito, en tanto, los mitos son parte de la condición humana, pues como decía Jung [18] “el mito en el que desde siempre vive el hombre”. A la mente le resulta muy difícil hacer una desmitificación y tiende cada vez a crear nuevos mitos, mucho más todavía en aquellas sociedades artificiales que se han alejado de la “realidad” de la naturaleza.

Por tanto, los pueblos se dividen o se diferencian por la cantidad y calidad de mitos que la hacen o que constituyen a su sociedad. Irónicamente, los mitos de la civilización en su conjunto son mucho más potentes en su capacidad destructiva, que de las otras sociedades a las que ésta las califica de inferiores o peores. Siguiendo esta lógica, habría que preguntarse quiénes mismo son los superiores.

La civilización cree que ha combatido a los mitos y que los ha eliminado, pero en su combate a los mitos o en su desmitificación violenta han creado nuevos mitos y hasta más extremos a los que ha enfrentado. No ha entendido el hombre libre de que no se trata de acabar con el mito en sí mismo sino el de relativizarlos, en la pretensión de ser cada vez menos idealistas o ilusorios. Los civilizados han resultado ser más metafísicos, que aquellos a quienes ha acusado de fetichistas, subjetivos, no-adelantados, etc.

Cómo no va a ser un gran mito, la idea del progreso y el desarrollo infinito dentro de un planeta finito. La creencia de que en el futuro serán menores las contradicciones: de que la humanidad construirá la sociedad ideal de mercado (derecha) o la sociedad modélica del comunismo (izquierda). Es un sueño idílico la creencia de que la vida avanza unidireccionalmente, y que la historia de la humanidad viene desde los mitos hacia los no-mitos. Los mitos modernos lo que han hecho es crear una religiosidad secularizada y hacer una canonización de lo racional.

Constructo que viene de la arrogancia y prepotencia del ego narcisista civilizante, al creer que antes todo era ignorancia y oscuridad, y de que ahora han alcanzado la información y el conocimiento, y que ya no son dependientes de nada ni de nadie. De que son finalmente libres, a diferencia de todos los anteriores pueblos, que habían sido sociedades atrasadas, ilógicas, anarquistas, sodomistas… De que es la evolución natural o social lo que les ha permitido llegar a esta sociedad y alcanzar la independencia y la emancipación. De que éste es el logro más grande alcanzado por humanidad alguna. De que ahora nadie manda sobre ellos y son ellos los que hacen lo que quieren con su libertad.

Pero -como dice el sociólogo Jorge Moruno-, “se pasa a la idea de libertad como no-interferencia, es decir, “yo puedo hacer lo que quiera siempre que disponga de los medios que me permitan poder hacerlo”. Y ese medio se llama dinero. Y esa libertad se sustenta siempre sobre la no-libertad de otros, porque para que tú puedas hacer lo que quieras, tienes que comprar el tiempo de otros que no pueden hacer lo que quieren porque trabajan para darte ese servicio. En ese complejo sistema de relaciones y jerarquías en la distribución de los tiempos, –donde el rentista se coloca en la cúspide– uno puede estar en un momento dado sin libertad, cumpliendo su horario de trabajo, y cuando sale puede comprar el tiempo de otro. Por ejemplo, alguien puede estar ocho horas trabajando, y al salir, al volver a casa, llamar a un repartidor (comprar el tiempo de esa persona) para que le traiga comida a domicilio”. [19]

Como dijo Fukuyama, ha llegado “el fin de la historia”, lo que significaba que después de esto ya no había nada más, pues la libertad era todo lo que anhelaba un ser humano; ahora lo único que quedaba era pulir y perfeccionar la libertad, esto es, la auto explotación. Pero como dijo George Orwell en su novela “1984: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”, y en el mismo sentido, Milan Kundera: “Los hombres quieren ser dueños del futuro solo para poder cambiar el pasado”; pues ambos comprendían que las élites saben la importancia que tiene el pasado, y no les interesa que se indague sobre él para poder justificar el futuro a su conveniencia. Por ello, Orwell acuñó otra frase que se refleja claramente en nuestra época de que “la libertad es esclavitud”, en referencia a que nos harán creer que la opresión es libertad. Y eso es lo que estamos viviendo actualmente, pero casi nadie se da cuenta de ello, pues como decía el mismo Orwell: “Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”.

La libertad es la nueva religiosidad, al creer que ahora están librando una lucha contra quienes se la oponen o la coartan. Cada cual tiene su visión de la libertad y no llegan a ponerse de acuerdo. En todo caso, en eso se basaron las últimas guerras lanzadas por Reagan, Bush y otros, argumentando de que estaban luchando por la libertad mundial, de que era la “lucha del imperio del bien contra el imperio del mal”. Son los mismos que ahora están preparando la tercera guerra mundial, para hacerse una nueva repartición del mundo.

Pero como todo mito de cualquier época, solo es una ideología o un constructo que termina desmoronándose. Cada mito se ha creído verdadero y eterno. El imaginario de la libertad es otro que comienza a develarse más claramente cada día que pasa. Estemente facto es el que ha creado a la actual sociedad, que al igual que cualquier otro parece superlativo, pero que generalmente es todo lo contrario. La denominada sociedad libre no es más que la sociedad de claustro, en donde los hombres libres se enclaustran o se esclavizan a sí mismos.

La sociedad actual no es una sociedad propiamente esclavista, en tanto ahora se auto esclavizan o se encierran voluntariamente, por eso es una sociedad de claustro, como lo hacen libremente los religiosos que se encierran dentro de un monasterio. Ninguna monja o monje es obligado a entrar en un claustro, lo hacen por convicción propia creyendo que así están sirviendo a dios y purgando el pecado de los hombres. Es eso, lo que los motiva a una vida de renunciación de lo material por lo religioso. Y, a los demás miembros de esta misma sociedad es al contrario, les motiva la renunciación religiosa por lo material. Pero a la final, ambos llegan a lo mismo: al enclaustramiento, ya sea, ante el dios varón-blanco en el cielo o al dios-mercado en la tierra. Mientras los clérigos renuncian a las comodidades materiales, los otros se vuelven prisioneros de ellas y viceversa. La vida de claustro eclesial implica una separación del mundo por una vida idolátrica simbólica, y la vida de claustro secular es una separación de la vida-no-humana por una vida idolátrica artificial. Ambos separados de la vida natural.

Mientras los unos creen que no están viviendo en una sociedad claustral, los otros creen que es un privilegio estar en un claustro. Sin embargo, ambos se sienten libres, el uno por haber decidido quedarse fuera del claustro eclesial y el otro por haber entrado ahí. Irónicamente, los que viven en los claustros eclesiales dicen que se sienten felices de estar ahí, y los que viven en el gran claustro dicen sentirse tristes en su gran mayoría.

Por cierto, la mayoría de personas claustras son mujeres. Por qué será. Y muchos de estos claustros están en Europa, en España se encuentran la mayoría. [20]  De los casi 3.600 monasterios femeninos que hay en el mundo, alrededor de 907 se encuentran en España, según datos de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada. Pero también es campeona en el mundo en monasterios masculinos, aunque la cifra es menor a las femeninas con tan sólo 35 monasterios. España es la “joya” del catolicismo europeo, los que a su vez convirtieron a Latinoamérica en la “joya” principal de todo el mundo cristiano. Nada causal ni gratuito.

Hasta antes de la posmodernidad, había quienes se encargaban de encerrar, imponer, violentar a los demás; ahora ellos se lo hacen a sí mismos, creyéndose libres porque pueden elegir la forma de opresión o de sumisión. Antaño, el soberano imponía su poder por fuerza de las armas, pero ahora, ya ni siquiera vivimos el biopoder del que hablaba Foucault ni el psico-poder de Byung-Chul Han, sino el pos-poder [21] donde cada cual se somete autónomamente al poder oficial, en tanto que ha pasado a convertirse en algo sistémico o natural el auto sometimiento con el surgimiento de la anorexia social. Es el desempoderamiento completo de la población a nombre de la libertad. Esto es, la privatización completa de la vida. El neoliberalismo.

Cada cual elige libremente si ser esclavo del dinero, de la tecnología, de una divinidad, del ego, del placer, de las drogas, de la pornografía, etc. Su vida libre depende en consumir lo más posible lo que le ofrece el mercado, en un afán compulsivo por devorar todo lo que sea deseable, aunque no sea dable ni saludable. Una ansiedad por experimentar todo lo que parezca increíble. Por ejemplo, a nivel sexual ya existen pequeños burdeles clandestinos en países como Alemania o Dinamarca que se dedican especialmente a prácticas sexuales con animales, conocidos como “Burdeles Bestiality” o “Erotic Zoos”, e incluso existen asociaciones en apoyo a la zoofilia como la alemana ZETA, a más de que ya la zoofilia es legal.

O en el Asia, la prostitución y los combates de boxeo entre orangutanes. [22] Mientras las hembras son torturadas y prostituidas, a los orangutanes macho se los utiliza para realizar combates de boxeo con presunto tinte cómico. Según denuncia la organización para la protección de los animales PETA, a un orangután hembra de 12 años -llamada Pony por los explotadores de animales- la habían depilado completamente, lavado y perfumado e incluso le habían pintado los labios. El animal estaba encadenado a una cama, para permitir que pudieran abusar de ella los clientes del burdel de un pueblo de Borneo Central (Indonesia) llamado Keremgpangi. Y en el caso de los machos, los animales son jaleados para que se golpeen tanto desde las gradas como por el animador que les lanza comida por cada golpe que dan en el cuerpo del adversario. Y el entrenamiento puede incluir métodos como palizas, privación de comida, uso de armas eléctricas y hasta drogas para que trabajen sin descanso. [23]

Pero no solo eso, sino que los hombres libres también tienen otras pasiones, como la de deformarse el cuerpo a extremos insospechables [24]. Por ejemplo, el llamado Hombre Gato que entre sus transformaciones más curiosas se implantó bigotes de gato, se afiló los dientes y se puso las orejas punteadas hacia abajo.

El Hombre Lagarto que sostenía que nació en un cuerpo equivocado llegó a limarse los dientes para asemejar su dentadura a la del lagarto, se tatuó escamas por todo su cuerpo e inició la moda de la bifurcación de lengua. El Hombre Cebra se expandió los lóbulos de las orejas para colocarse objetos, se perforó el tabique nasal para introducir huesos y buscó la ayuda de un dentista para limarse toda la dentadura.

El hombre Leopardo con manchas desde los pies hasta la cabeza y que no sólo se parece al exótico felino sino que intenta vivir como tal. Se modificó sus dientes para que se parecieran a los de un leopardo y vive aislado de cualquier contacto humano en una cabaña en la isla de Skye (Escocia) y pasa la mayor parte de su tiempo pescando y paseando por el bosque. El Hombre Zombi, un modelo canadiense seguidor de películas de terror desde que era muy pequeño, se tatuó el cuerpo entero como si fuese un zombi.  Una mujer brasileña contaba en 2012 con 9000 piercings a lo largo y ancho de todo su cuerpo, lo cual le convertía en la persona más agujereada del mundo. Una de las cosas más increíbles es que dice que tiene aproximadamente 500 piercings tanto en el interior como en el exterior de sus genitales.

Y no solo eso, sino que ahora pueden cambiarse de sexo, ponerse implantes y hacerse cualquier cosa, pero luego cambian de moda o de parecer,  quieren regresar, pero ya no pueden. Algunos se suicidan. Indudablemente, que han habido homosexuales en todo el mundo y en todos los tiempos, pero no todos son homosexuales realmente, muchos jóvenes están en la búsqueda y luego se definen, pero a veces con consecuencias muy dolorosas. Ahora es el extremismo para probar libremente de todo:  Squirt, BDSM, foot job, garganta profunda, la cruz noruega….

Según Ángela Sánchez de Ibargüen, “parece ser más ‘moderno’ aquel/aquella que conoce más términos, más etiquetas y presume de realizar más peripecias cuando lleva a cabo su relación sexual”. Una muestra de esto último sería el documental de Netflix Liberated: The New Sexual Revolution, que muestra a un grupo de jóvenes en un festival de música a quienes solo parece importarles contar con cuántas se lían y qué “hitos sexuales” alcanzan. El sexo se convierte en algo más a devorar (junto con alcohol y drogas) y no es visto como parte de una relación emocional. Si a esto se le suma una visión machista de las relaciones, el cóctel final no es nada recomendable; sentencia Arola Poch. [25]

De la misma manera que pueden perderse en las drogas, la comida, los videojuegos, las redes sociales; el sexo también puede generar desviaciones. Por ejemplo, en España hay unos 1.500 burdeles, lo que supone tres prostíbulos por cada hospital y se calcula que el negocio de la explotación sexual de mujeres mueve 3.700 millones de euros anuales, lo que supone más del 10% de los beneficios ilícitos de ese ámbito a nivel mundial.

De otra parte, según la Oficina de las Naciones Unidas sobre la Droga y el Delito en la Unión Europea, “las mujeres y niñas representan el 71% de las víctimas detectadas en todo el mundo y el 80% de las identificadas en Europa occidental. El 95% de ellas acaban explotadas por la prostitución, lo que pone de manifiesto la muy estrecha relación que hay entre la trata y la prostitución y un claro componente de género”. [26] 

El turismo sexual cada vez más en auge es el tercer sector en exportaciones, por detrás de los productos químicos y combustibles, pero por delante de los automóviles y representa el 10% del PIB mundial. El turismo sexual ilegal reporta, junto con el tráfico de personas, más de 30.000 millones de dólares estadounidenses de beneficios anuales y ambos figuran en la lista de los mayores sectores económicos ilegales, solo por detrás del tráfico de drogas y el comercio de armas.[27]

Así mismo, si bien es un derecho el matrimonio igualitario para los homosexuales, aunque lo adecuado sería cuestionar al matrimonio en sí mismo para todos, tampoco ha resultado viable la adopción de niños por homosexuales, y que los niños tengan dos padres o dos madres, pues todos tienen derecho a un padre y una madre. En ese caso, sería aceptable si es una pareja trans con roles diferenciados. Sin embargo, no puede creerse que una persona trans que asume el papel de otro sexo al de su origen, luego de un proceso hormonal deviene en un hombre o una mujer. Por ello, tampoco es aceptable que las mujeres-trans compitan en eventos deportivos con mujeres, pues biológicamente siguen siendo hombres y tienen otro nivel muscular y de testosterona, a igual como las intersexuales. [28] No se puede caer de un extremo en otro.

Lo cierto, es que lo sexual en la sociedad libre está cada vez más descompuesto y desnaturalizado, antes que más armónico como se pensaba o se creía que estábamos llegando con la “libertad sexual”. La investigadora María del Prado Esteban, dice:  La vivencia de nuestro cuerpo como mujeres (..), eso que nos diferencia a las mujeres de los hombres, menstruar, parir, lactancia (..) hoy sin embargo están completamente devastadas, en tela de juicio. Estamos separados de nuestro cuerpo, de nuestros impulsos primarios y mamíferos. Se nos dice que nuestro cuerpo no es sino la traslación del patriarcado (…) y todos nuestros actos no es otra cosa que la traslación de nuestra inferioridad intrínseca, por lo tanto tenemos que escupir sobre nosotras mismas, ¿quién puede construirse como persona? Toda nuestra experiencia física como mujeres está completamente alterada. (..) Es una represión de odio al cuerpo, muy interiorizada.

El feminismo dominante ha planteado que todas las funciones naturales, biológicas femeninas son el origen de la inferioridad, eso lo dice textualmente Simone Beauvoir en El segundo sexo, cuando dice que nuestro cuerpo es nuestro destino, es decir, nuestro cuerpo es lo que nos hace, nos fragiliza, nos invalida, nos hace inferiores a los hombres. Esa idea repetida de manera sistemática, termina siendo explosiva, todas las funciones femeninas están devaluadas, la gestación, la menstruación, el parto… todo está desnaturalizado. [29]

Sin embargo, mientras los homosexuales hoy se atreven a muchas cosas, los heterosexuales pasan su vida renegando y juzgando, se creen que están mejores o que son superiores a los “anormales” o “pervertidos”, porque han aceptado disciplinadamente la sumisión y porque tienen una mejor posición dentro del claustro. Creen que los homosexuales son producto de las exageraciones de una libertad mal entendida y de que ellos sí la comprenden bien y la manejan responsablemente. Esa creencia viene de quienes han llegado a aceptar disciplinada y civilizadamente la auto explotación y la auto opresión.

La sociedad libre les dice que todo depende de cada uno, de que si fracasan o tienen éxito es solo por sí mismos, es decir, que no es por el sistema sino porque cada cual lo construyó así. Los ricos son así por su trabajo y los pobres porque no trabajaron lo suficiente. Es la creencia de que el individuo está sobre el sistema y de que tienen que batirse contra todos para tener una mayor parte de la tajada y a eso le denominan la libertad de competencia. Pero como la gran mayoría naufraga, se culpan a sí mismos de que no supieron tomar todo lo que el sistema les ofrecía. Y se mueren con ese sentimiento de que la vida no valió la pena,  le culpan a dios o a algún familiar o a ellos mismos de su miserable existencia, pero menos, al sistema libre.

Confunden al sistema de claustro con la vida, es decir, que la vida es así y que su existencia no es producto de la sociedad creada. Se van de este mundo renegando de la vida y no del sistema. Es la sociedad del fracaso compuesta por un montón de libres fracasados. Son lo que en inglés se conoce como ANT (automatic negative thought), pensamientos negativos automáticos: “lo he hecho fatal”, “tengo mala suerte” o “esto no va a funcionar”. De la que se aprovechan las religiones, como el pastor Arnaldo Cruz que difunde videos [30] y mensajes como este: “Si te sientes esclavo de tu situación financiera, conviértete en un esclavo de Jesús y verás que todo lo que hagas Dios lo bendecirá. Sé libre de tu esclavitud siendo esclavo de Jesús.”

Como dice Ygung-Chul Han: “Hoy, de alguna manera, cada uno se queda a solas con sus sufrimientos y sus miedos. El sufrimiento se privatiza y se individualiza, pasando a ser así objeto de una terapia que trata de curar el yo y su psique. Todo el mundo se avergüenza, pero cada uno se culpa solo a sí mismo de su endeblez y de sus insuficiencias. No se establece ningún enlace entre mi sufrimiento y tu sufrimiento. Se pasa por alto la sociabilidad del sufrimiento. La estrategia de dominio consiste hoy en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización. La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas”. [31]

Los estudios dicen que si alguien nace pobre en su gran mayoría morirán pobres y viceversa con los ricos. Solo en las novelas fantasiosas del escritor del siglo 19[32] Horatio Alger Jr, los jóvenes de clase trabajadora conseguían pasar de la miseria a la riqueza o, al menos, convertirse en miembros de la clase media, gracias a su esfuerzo y a su espíritu emprendedor. Pero en la experiencia mundial los casos excepcionales son muy pocos, pues la inmensa mayoría muere en el nivel donde nació.  “Por poner un ejemplo, cuánta gente que nazca en el 10% más pobre puede pasar al segundo 10% más pobre. Según Thomas Hertz, de American University, un niño nacido en el decil (es decir, el 10%) más bajo tiene un 31% de posibilidades de permanecer ahí durante toda la vida. Si se amplía la banda al segundo decil inferior (o sea, el grupo formado por las personas que son entre el 80% y el 90% de la gente más pobre), la proporción es del 43%. Pobre eres, y en pobre te convertirás. Los resultados de esos análisis ya habían dejado claro que EEUU es una sociedad con muy poca movilidad social o, como lo planteó en 2002 el profesor de Harvard y experto en esa materia Alan Krueger, “cada día parece más claro que tener un padre rico es el secreto para el éxito”.

Es más, uno de los hombres más ricos del mundo, el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en un artículo en el diario The New York Times señalaba: “Me apuesto que la mayoría de estadounidenses está de acuerdo: nunca debería impedirse a un alumno cualificado de la escuela secundaria la entrada a la universidad en base a la cuenta bancaria de su familia. Sin embargo, ocurre todo el tiempo”. “Denegar a estudiantes el acceso a la universidad según su capacidad de pagar socava la igualdad de oportunidades. Perpetúa la pobreza intergeneracional. Y golpea el corazón del sueño americano: la idea de que cualquier persona, procedente de cualquier comunidad, tiene la capacidad de crecer por su mérito”.

“En su artículo, Bloomberg subraya que las universidades son un “gran igualador” en EE UU y cita estudios que apuntan a que los graduados ganan un sueldo parecido tras la universidad independientemente de cuál fuera la situación económica de su familia. El problema, sin embargo, es que a los más pobres les es mucho más difícil entrar en los mejores centros que a los más ricos. Otros estudios, advierte el exalcalde de Nueva York, señalan que, en decenas de universidades de élite en EE UU, hay más estudiantes procedentes del 1% más rico del país que del 60% de la escala económica”. [33]

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de economía también lo avala: “El 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzo que hagan, el 90% de los que nacen ricos mueren ricos independientemente de que hagan o no mérito para ello”.[34]

Todo esto es una crítica frontal a toda la Economía de la Oferta, que sostiene que hay que eliminar regulaciones e impuestos, en especial a los contribuyentes con ingresos más altos, para que así “el tren corra más deprisa y todos lleguemos más lejos”. Es el trickle down economics, la economía del goteo, que prevé que la sociedad se beneficiará de la bajada de impuestos al capital, porque éste generará más trabajo y, también, más recaudación fiscal. Pero lo cierto, es que hoy en día son las rentas del trabajo las que están más gravadas, mientras que el capital disfruta, tanto desde el punto de vista normativo como en el terreno de las realidades del día a día de una menor presión fiscal. Un ejemplo: el tipo fiscal de las grandes empresas de EE. UU. es del 35%, pero el real del 19,4%”.[35]

En un otro estudio académico titulado “The Exorbitant Tax Privilege” (El exorbitante privilegio de los impuestos), de los autores Thomas Wright y del economista de la Universidad de California en Berkeley Gabriel Zucman, señalan [36] que los paraísos fiscales sirven para dos propósitos. El primero es la evasión fiscal para particulares, que es ilegal. Plutócratas de todo el mundo que transfieren sus activos a pequeñas islas caribeñas con leyes estrictas sobre el secreto bancario, gracias a lo cual se libran de pagar impuestos en su propio país. El segundo es la elusión fiscal para las grandes compañías multinacionales utilizando diversas artimañas contables para declarar que sus beneficios provienen de países en los cuales hay que pagar un bajo impuesto.

En el libro, Zucman hace una estimación conservadora, según la cual la evasión y la elusión fiscal trasladan cientos de miles de millones de dólares procedentes de impuestos impagados a los bolsillos de las personas más ricas del mundo. Estas son algunas de sus principales conclusiones: En 1970, las multinacionales estadounidenses afirmaban que menos del 10 por ciento de sus beneficios se generaba en paraísos fiscales. Esa cifra asciende ahora a la descabellada suma del 50 por ciento. Por el contrario, las multinacionales europeas suelen admitir que menos del 20 por ciento de sus beneficios proceden de paraísos fiscales.

La fraudulencia pura y dura de los paraísos fiscales ha alcanzado niveles descarados. Un claro indicador de si una compañía multinacional tiene una auténtica actividad económica en un país es la ratio entre beneficios reportados y salarios pagados: cuanto mayor es la ratio, más evidente es que los beneficios se atribuyen a actividades realizadas en dicho país a causa de su baja fiscalidad. Joseph Stiglitz es lapidario: “Los paraísos fiscales no son un acto de la naturaleza. De hecho, los crea el Congreso. Hemos creado un marco legal para que los ricos y las empresas, dentro de la ley, no paguen impuestos”.[37]

Igualmente, el tipo impositivo que pagan las compañías de EE. UU. a los gobiernos extranjeros se ha desplomado desde una media del 70 por ciento antes de la Guerra del Golfo de 1991 hasta un 45 por ciento a partir de entonces, un fenómeno peculiar que, según Zucman y Wright, puede reflejar “un regreso a la protección militar que otorga Estados Unidos a los estados petroleros”.

Además, las multinacionales petroleras estadounidenses producen increíbles beneficios: de 1966 a 2010, sus beneficios en el extranjero antes de impuestos representaron más de un tercio del total de beneficios de las multinacionales con sede en EE. UU. en el extranjero.

Los «esclavos del Señor» no conocen estos datos y realidades, nunca llegan a darse cuenta de que no viven en una sociedad libre sino en una civilización de claustro, en la que todos están al servicio de unas élites privilegiadas. Que su supuesta libertad que dicen que tienen es solo una quimera, que sus creencias no es nada más que una ficción bien construida, para que libremente se entreguen al mercado auto explotándose cada vez más. Algunos se dan cuenta de ello, solo antes de morir o cuando ya están viejos pero se sienten impotentes.

Irónicamente, en ninguna otra época se pensó o se habló de que habría la posibilidad de la desaparición de la especie humana por efectos de la acción del mismo hombre. Hubo casos de ciertos pueblos que desaparecieron por enfermedades o guerras, pero nunca de que podría desaparecer una gran parte de la vida del planeta, como se podría dar actualmente en la sociedad civilizada y moderna.

Hoy existen tantas bombas atómicas que si se soltaran algunas de ellas podría desaparecer la mayoría de los seres sobre la Tierra. Lo dice, el “Boletín de Científicos Atómicos”, quienes han rastreado la amenaza de armas nucleares y otras tecnologías desde la década de 1940, y cada año han procedido a colocar las manecillas atómicas en su Reloj del Apocalipsis, siendo el 2018 el año en donde han estado las manecillas colocadas lo más cerca del fin del mundo, en apenas dos minutos. La última vez que el reloj estuvo tan cerca fue en 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética competían en una carrera de armas nucleares; y lo más lejos que ha estado el reloj es en 1991 con 17 minutos.

En una conferencia de prensa en diciembre del 2018 [38] señalaba la presidenta y directora ejecutiva del Boletín de Científicos Atómicos, Rachel Bronson, en referencia a EEUU y Corea del Norte: “La retórica hiperbólica y las acciones provocadoras de las dos partes han aumentado la posibilidad de una guerra nuclear por accidente o por un error de cálculo”. “Divorciar las políticas públicas de la realidad empírica nos pone en peligro a todos”, aseveró el físico teórico Lawrence Krauss, añadiendo que “lo que necesitamos es hacer políticas basadas en la evidencia, no crear evidencias basadas en políticas”.

Pero lo más grave que ha generado la sociedad libre, no es la bomba atómica sino la bomba de la “revolución climática” [39], que ha alterado los ecosistemas y ha puesto en riesgo a todas las formas de vida, que son los que hacen posible la vida del hombre. Los hombres objetivos y científicos han puesto en vilo la vida de muchos seres en todo el planeta, con estas dos bombas.

De la “Guerra Fría” que amenazaba la destrucción del mundo por parte de las superpotencias con sus bombas atómicas, hemos pasado a la “Guerra Caliente” con la revolución climática en curso. Y últimamente, sumadas a las dos tenemos a la desinformación, como nueva forma de aniquilamiento masivo.

Vivimos al filo del precipicio como nunca había sucedido, pero ellos creen que los salvajes y bárbaros son otros. Ese su otro mito, que creen que ya no son salvajes o que dejaron atrás el salvajismo, cuando la civilización moderna ha llegado a la depredación extrema, en una forma organizada y en serie. En realidad, el hombre civilizado que atenta contra su vida es el salvaje.

Todos buscan más desarrollo, progreso, y libertad, a más crecimiento de todo ello, es mayor la destrucción del planeta. A mayor libre competencia y libertad de mercado, mayor la muerte y la contaminación de todos elementos de la vida-no-humana o fuentes de vida. El hombre claustral se come más allá de lo que el planeta puede reproducir. Los noticieros informaban que el 1 de agosto del 2018 ya se acabó lo que la humanidad debía haber consumido en todo un año.

Pero no es cualquier humanidad, es la que se auto considera del primer mundo y que les ha sentenciado a los otros como: subdesarrollados o atrasados o incivilizados o lentos; pero que son los que menos afectan al planeta. Los que afectan mayormente son los superiores o adelantados y los que menos afectan son los inferiores o atrasados. Que más mito puede haber que éste.

Grosfoguel añade: “Pero si piensas desde una cosmología y desde una cosmovisión holística, te das cuenta que todas las civilizaciones anteriores, con todos los problemas y las críticas que les podamos hacer, ninguna ha sido tan destructiva de la vida como ésta porque aquellas tenían límites a los cuáles no podías llegar en la relación entre vida humana y vida no humana; porque la tecnología que producían la producían desde racionalidades heurísticas, cosmologías heurísticas, que daban una racionalidad de la reproducción de la vida, porque ya no concibes las otras formas de vida no humanas como exteriores a la humana, sino como constitutivas de la vida humana, que si las destruyes te destruyes a ti”.[40]

La sociedad libre es la que más libremente contamina el aire, los mares, la tierra. Cada día, el hombre civilizado desaparece – con la libertad de la que dice que está imbuido- de más especies, lenguas [41], culturas, conocimientos, saberes, etc.; algo que al universo y a la humanidad le tomó miles de años en construirlas. Y con esa misma inconsciencia sigue viviendo la ilusión de la libertad, mientras el hogar de todos ellos se destruye.

El mito de la libertad es el clímax de todo un proceso que se ha desarrollado a lo largo de los siglos. Se ha llegado hasta aquí, luego de que se han atravesado otras etapas o escalones hasta aterrizar en este punto. Llegar a este momento ha significado un largo recorrido, desde cuando empezó a construirse la sociedad oscurantista hasta llegar a su nivel actual.

No es algo que se haya producido recientemente o que es consecuencia simplemente de la evolución social o el irremediable desarrollo de la ciencia y de la tecnología o el producto del patriarcado capitalista. Es la consecuencia de un tipo de mentalidad que ha creado un tipo de sociedad con un tipo de ciencia y tecnología. No es que inexorablemente teníamos que llegar a vivir este modo de vida, sino que es la sucesión de una serie de creencias, que se han articulado unos a otros, hasta arribar a este momento crucial. Otros tipos de afirmaciones nos hubieran conducido a distintos procesos, pero el que ha conducido a este estadio y a este punto de zozobra, es uno solo.

La autodenominada sociedad libre ha alcanzado su máximo en nuestro tiempo, luego de un trajinar por diferentes formas de enclaustramiento o esclavización u opresión, hasta lograr el auto sometimiento y la auto explotación y presentarla como su mayor logro. El poder oficial ya no necesita dominar desde afuera, ahora cada uno se presiona voluntariamente. O como dice Byung-Chul Han: “El imperio global no es ninguna clase dominante que explote a la multitud, pues hoy cada uno se explota a sí mismo, y se figura que vive en la libertad”.

La sociedad moneteísta ha logrado su objetivo fundamental, de que todos estén convencidos de que son libres, cuando son más esclavos que los esclavos que sabían que eran esclavizados. Son más esclavos porque no saben que lo son, y la diferencia con épocas anteriores, es que ahora se han perfeccionado los métodos y las tecnologías para que cada cual libremente pueda servir al proyecto del patriarcado moderno, que es la sociedad de consumo al servicio de la globalización de la riqueza en unos pocos monopolios.

Parafraseando al gran maestro japonés Masanobu Fukuoka, se podría decir: “Lo único que sé, es que soy un estúpido, mientas los hombres libres no lo saben”. La persona que ya se ha dado cuenta puede dejar de ser estúpido, pero el que no lo sabe simplemente se vuelve más libremente esclavo.

*Tomado del libro “La sociedad de claustro”.

[1] En esta obra hacemos referencia a la palabra “mito”, como algo que no está en la “verdad” o la “realidad”. Estamos conscientes que la actual sociedad la ha resignificado de esa forma, pues antiguamente era otra forma de conocimiento y un productor de comunidad. Además de que los mitos son parte de la condición humana, ante su incapacidad inmanente de conocerlo todo.

[2] Vamos a usar la palabra “todos”, para generalizar algo y entendiendo que siempre hay excepciones. Con esto no queremos caer en un totalitarismo o en absolutismo, sino solo evitar a cada rato decir: excepto, casi todos, la casi totalidad, la inmensa mayoría… Comprendemos que no son todos, pero hablamos de la gran mayoría, y principalmente de lo que está legitimado o naturalizado o legalizado, es decir, como verdad oficial es la totalidad.

[5] Utilizamos indistintamente: “sociedad de claustro”, “sociedad patriarcalista”, “sociedad moneteísta”, “sociedad oscurantista”, “sociedad piramidalista”, sociedad civilizacionista”, “sociedad libre”, como diferentes formas para decir lo mismo o como las diversas caras de una misma moneda o los tentáculos de una misma mente. Tampoco creemos en el concepto de la “verdadera libertad”. Quién puede decir esto es la verdadera o falsa libertad. Simplemente creemos que es un invento o un mito, pues en la naturaleza y en el cosmos nadie es libre, todos son interdependientes.

[6] En Japón se ha acuñado el nombre Karoshi para referirse a aquellas personas que mueren por exceso de trabajo, un fenómeno social reconocido ya por los ministerios de salud de algunos países. La mayoría muere por ataques cardíacos, derrames cerebrales y enfermedades mentales.

[10] El proceso de este síndrome, es que comienza como estrés, luego se transforma en un estrés extremo o burnout y se termina con la muerte por agotamiento y se lo llama karoshi.

[12] No vamos a poner en cada palabra el masculino y el femenino, ni a utilizar la “x” o “@” o la “e·, para hacer referencia a los dos géneros. Es un problema de todas las lenguas patriarcales. Algo que no sucede en otras lenguas que en su construcción se hace referencia a varios géneros, desde ahí también demostrando su característica no-patriarcal.

[13] La base ontológica de la civilización está en el imaginario de la superioridad sobre los demás, a lo cual lo llamamos superiorista o superiorismo.

[18] Carl Gustav Jung. Recuerdos, sueños, pensamientos, páginas 204-205

[21] Proponemos este término para hacer referencia a como en la sociedad patriarcal -en su etapa de la posmodernidad- ha llegado al pos-poder, luego de haber atravesado diferentes etapas de poder hasta su obra cumbre con la pérdida del poder consciente y colectivo. Del poder social al poder individual, es decir, a la anulación de su capacidad de dirigir su propio destino, y de ahí, la necesidad de un trans-poder.

[32] Nos negamos a escribir en números romanos los diferentes siglos, principalmente, porque la matemática romana era muy elemental a otras que había a la misma época en diferentes partes del mundo, y no cabe seguirla utilizando.

[39] Nosotros no hablamos de cambio climático pues, lo que estamos viviendo puede alterar totalmente el mundo tal como lo conocemos actualmente.

 

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1 comentario

  1. Un artículo fundamentalmente idealista, se ubica en el argumento de que las ideas de la civilización actual incluyendo la de la libertad que es la que más critica son las causantes de los problemas causados por la misma civilización, se olvida que las ideas son la supraestructura de los sistemas sociales y por tanto no se puede decir que son las causas fundamentales de los problemas que son el excesivo crecimiento económico y el cambio climático basados en el capitalismo fosilista y el exceso poblacional y que están en crisis por el agotamiento de los recursos y las consecuencias del cambio climático, temas a los cuales el autor no se refiere.

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